La Corona de San Miguel
La Corona de San Miguel es una devoción muy rica en significado y promesas, especialmente por las indulgencias y la protección espiritual que promete a sus devotos. Fue revelada a la sierva de Dios Antónia de Astónaco en Portugal alrededor de 1750, y se basa en nueve salutaciones dirigidas a San Miguel y los diferentes coros angelicales. Cada salutación se acompaña de un Padre Nuestro y tres Avemarías. Las indulgencias asociadas a la coronilla, concedidas por el Papa Pío IX en 1851, refuerzan su poder espiritual. Estas indulgencias son una manifestación de la Iglesia en su deseo de conceder gracias a aquellos que practican con devoción esta oración, como una forma de obtener asistencia en la vida diaria y en la hora de la comunión. Estas indulgencia son:
- Indulgencia parcial, a los que recen esta Corona con el corazón contrito.
- Indulgencia parcial, cada día que lleven consigo la Corona o besaren la medalla de los Santos Ángeles que cuelga de ella.
- Indulgencia plenaria, a aquellos que la rezaren una vez al mes, el día que escogieren, verdaderamente contritos, confesados y comulgados, rogando por las intenciones de su Santidad.
- Indulgencia plenaria, con las mismas condiciones, en las fiestas de la Aparición de San Miguel Arcángel (8 de mayo); de su Dedicación (29 de septiembre); y de los Santos Ángeles Custodios (2 de octubre).
Las promesas hechas por San Miguel a quienes recen esta corona destacan una asistencia continua por parte de los ángeles, tanto en vida como en la muerte, con la garantía de que los devotos serán librados del Purgatorio y acompañados por los ángeles y sus seres queridos en su tránsito hacia la vida eterna.

Corona a San Miguel
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
V: Señor, abrirás mis labios.
R: Y mi boca anunciará tu alabanza.
V: Dios mío, entiende en mi ayuda.
R: Apresúrate Señor en socorrerme.
Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, y ahora, y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Padrenuestro y 3 Avemarías.
Padrenuestro y 3 Avemarías.
Padrenuestro y 3 Avemarías.
Padrenuestro y 3 Avemarías.
Padrenuestro y 3 Avemarías.
Padrenuestro y 3 Avemarías.
Padrenuestro y 3 Avemarías.
Padrenuestro y 3 Avemarías.
Padrenuestro y 3 Avemarías.
Conclusión
A continuación rezaremos 4 Padrenuestros:
Uno en honor a San Gabriel.
Uno en honor a San Rafael.
Uno en honor a nuestro ángel de la Guarda.
O Glorioso Príncipe San Miguel, Jefe Principal de la Milicia Celestial, Guardián fidelísimo de las almas, Vencedor eficaz de los espíritus rebeldes, fiel Servidor en
el Palacio del Rey Divino, Sois nuestro admirable Guía y Conductor.
Tú que brillas con excelente resplandor y con virtud sobrehumana, líbranos de todo mal. Con plena confianza recurrimos a ti Asístenos con vuestra afable protección para que seamos más y más
fieles al servicio de Dios todos los días de nuestra vida.
V: Rogad por nosotros, O Glorioso San Miguel, Príncipe de la Iglesia de Jesucristo.
R: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor.
Omnipotente y Eterno Dios, te adoramos y bendecimos. En vuestra maravillosa bondad, y con el misericordioso deseo de salvar las almas del género humano, has escogido al
Glorioso Arcángel, San Miguel, como Príncipe de tu Iglesia.
Humildemente te suplicamos, Padre Celestial, que nos libréis de nuestros enemigos. En la hora de la muerte, no permitáis que ningún espíritu maligno se nos acerque, para perjudicar nuestras almas.
Oh Dios y Señor Nuestro, guiadnos por medio de este mismo Arcángel. Envíale que nos conduzca a la Presencia de Vuestra Excelsa y divina Majestad. Te lo pedimos por los méritos de Jesucristo,
Nuestro Señor. Amén.
